XX carrera Desde Santurce a Bilbao. Crónica

jueves, 4 de diciembre de 2008
30 de noviembre de 2008

7:30. El despertador me chilla en el oído. A oscuras consigo encontrar una zapatilla y decido salir de la habitación sin la otra. De camino al pasillo le pego un rodillazo al armario. Ya en el servicio una gran legaña me mira desde el espejo y me indica que he dormido con el pijama del revés. Consigo despegar los ojos después de lavarme la cara para asegurar que lo que me indicaba la legaña era cierto: el pijama está del revés.

7:45. Desayuno como un campeón... de las sardinas. Un vaso de agua, la naranja, un poco de piña, el tazón de leche con cereales, algún fruto seco y los arándanos. Vamos, que con esto puedo irme hasta Almería y vuelta... a la pata coja y con un cerdo en brazos. Es lo que desayuno a diario y como me gusta y me va bien así, ¿para qué cambiar?

8:00. Acabo de preparar la ropita y mis cremitas para la carrera de más tarde. Como está todo hecho me voy al sofá, por voluntad propia, a dormir un poco más y con la voluntad de que, al despertarme, doña Lluvia se haya retirado y don Frío no sea tan duro con nosotros.

9:15. Por suerte en este período no me han atacado las legañas. Me visto, despierto a Begotxu, que me da las últimas instrucciones (algún día, si no me lo recuerda, salgo sin pantalón) y me dirijo al autobús con la hora pegada al culo. Renfe colabora pero sólo en determinadas estaciones; la nuestra no es de las afortunadas y como este año no me apetece saltar la valla, no vaya (¡vaya riqueza léxica que tengo: valla/vaya!) a ser que me de un mal tirón (o un porrazo el guarda de seguridad de la estación, que seguro que duele más) hoy cambio de medio de locomoción.

10:20. Una mala comunicación con la conductora hace que me confunda de parada y llegue más tarde de lo que pretendía. Dejo la mochila y la ropa (adiós ropita, adiós calorcito, adiós) en el autobús y me pongo a buscar a Iván y a Alfonso. Nada, ni rastro de ellos y cada vez hay más gente, así va a ser imposible encontrarlos.

10:30. Avisan por megafonía que el recorrido, a causa de unas obras en Bilbao, se alarga un kilómetro más, es decir, 17.350 m.

10:45. Me retiro al urinario, visita fundamental antes de cualquier carrera. Por suerte nunca he tenido ni que escribir a Franco ni que visitar al Sr. Roca en estos momentos previos, me vale con autocastigarme de cara a la pared. La sra. Potra hace que me encuentre allí con Alfonso. ¡Ale! Castigados los dos mirando a la pared.

10:55. Pistoletazo para los que van en sillas de ruedas. No tuve tiempo de verlos ni siquiera en la línea de salida.

11:00. El nuestro, aunque no empezamos a movernos hasta después de algo más de un minuto... El problema de ponernos demasiado detrás.

km 3. 16 minutos y 30 segundos. ¡A 5:30 por km.! Vamos demasiado lentos, y estamos usando ambas piernas, lo prometo.

km 4. Saludo con la manita a Begotxu y a Marisa. Les tiro el quitavientos (mal hecho, pasé frío) para que lo puedan vender en el Ebay ese a un precio desorbitado. Me decido a apretar un poco más.

km 5. Flop-flop. La zapatilla derecha va un poco floja y parece que quiera salirse (con el agua hace ventosa). Espero que no lo haga, por su mi bien. Oskar me hace así con la manita, y me anima gritando. Eso debe ser que tengo a la cabeza cerca.

km 6. La plantilla derecha se repliega en sí misma y se hace tirabuzón a la altura del puente del pié. Cojonudo. A ver quién es el guapo que se suelta la zapatilla ahora, con el frío que hace, las manos caladas y el chip con brida atada en esos cordones. Aún así lo voy a intentar. Me quito los guantes (de algodón, mojados ya) y, al agacharme, se me cae uno a un charco. Ideal. La zapatilla, imposible desatarla. Me animo a seguir así, como pueda, ya tendré tiempo de parar, si eso.

km 10. Iván está animando y vestido de corredor. Ha llegado antes que yo hasta aquí. Veo también a María, a Miguel, a Laia y a mucha más gente también animan en la curva de Zorroza. A partir de aquí no veremos a nadie animando hasta Bilbao.

km 12. Un muble nos mira atónito desde la orilla y vuelve a sumergirse, encongiendo las escamas. ¡Endevé, tanto payo corriendo!

km 14. ¡Quién me mandaría a mí haberme desprendido del quitavientos! Don Frío ha decidido quedarse a ver la carrera. Seis grados (6) nos grita desde el temperaturómetro.

km 16. Doña Lluvia también ha prometido quedarse hasta el final, sin consultarnos ni nada.

km 17.350. Casi 80 minutos más tarde de pasar por la salida (1:19:23 según la página oficial) cruzo la línea de llegada, me cortan la tira con que se sujeta el chip y se quedan con él. (Mejor, yo no iba a ser capaz de hacerlo.) Recojo la bolsa con las viandas, la bebida y me pongo a buscar mi mochila. ¡Estoy calado y helado! La encuentro debajo de la cornisa de El Corte Inglés. Me voy a buscar a Alfonso.

12:30. Aparecen Yoli y Alfonso. Me acabo de vestir y me vuelvo a casa en busca de una ducha caliente. Decido marchar cuanto antes, me esperan una tarde de vagueo y un montón de mimos, pero no mimos de esos que se ponen guantes blancos y te sonríen y te hacen gestos con las manos y te dan el coñazo... no, mimos de los otros, de los de arrumacos, besos... y demás.

Por cierto, una vez más, Fortunato Vencedor también estuvo allí. Y acabó.

Actualización (23:00). También hay videos de las llegadas en la página corriendovoy.com. Y más fotos en festak.com. ¡Vaya despliegue de medios!

Los pobres no cumplen años

martes, 25 de noviembre de 2008


Habría que empezar por definir quién es pobre aquí y quién no. Miguel ya sabemos que sí, que es probe, pero no es de Miguel de quien quiero hablar sino de María Griçelda.

María Griçelda es una niña que tenemos apadrinada desde hace algunos años a través de la Fundación Intervida. (La conciencia, que obliga a cosas como ésta y que, aún así, se niega a callarse. Ahí dentro, dale que le das, con la matraca.)

Durante estos últimos años la niña nos obsequia con dibujos que va realizando a lo largo del año, suelen ser en dos momentos: uno un poco antes de la Navidad, el otro... a lo largo del año. Más o menos. (Yo y mi memoria de pez.)

El apadrinamiento (o amadrinamiento, según se mire) funciona mientras la niña (en este caso) esté en período de escolarización. Cuando se le acabe la beca, pasaríamos a apadrinar-amadrinar a otro querubín, automáticamente, sin necesidad de escribir a París y esperar a que llegue la dichosa cigüeña. Así, sin más. Di-da.

No sabemos exactamente cómo funciona el sistema de escolarización de allí; de tan lejos como está Guatemala (el país de nuestra María Griçelda). Pero según datos que vamos rescatando de las conversaciones con personal de Intervida (hoy mismo, con una tal Marisol), suelen estar hasta los 14 años. Aunque depende de varios factores:

  • del país donde esté la niña. En este caso, Guatemala, eso ya lo sabemos

  • de la edad con que se escolarizase. Eso no lo sé yo y parece ser que tampoco ellos

  • de las veces que haya repetido curso. Que también lo deberían saber. Amos, digo yo


Raro raro, así que, hasta aquí... regulín, pero el pensar que la niña se puede quedar sin estudiar si decidimos anular nuestra suscripción nos ayuda a despejar nuestras dudas: seguimos, con la venda puesta, pero seguimos.

Y ¡ay! con esos regalos tan bonitos que nos hace todas las Navidades y que con toda nuestra ilusión colgamos colgábamos en la nevera... Y es que no admito que una niña de su edad se quiera quitar años.

Acepto que, sobre todo a las mujeres, no les guste decir su edad (es algo que está ahí, que no lo entiendo pero lo acepto.) A no ser que sea una mujer mayor... mayor, de esas que no cuentan los que han cumplido sino los que van a cumplir.
- ¿Cuántos años tiene, señora?

- En febrero haré 83.

Pero que con 12 años se niegue a cumplir más me parece excesivo. No es normal que en los regalos de las últimas 3 Navidades tenga la misma edad: 12 años. A este paso me la imagino ¡cuidando de sus nietos con 12 años!

Claro que se me ocurren varias explicaciones a este hecho insólito:

  • que María Griçelda tenga miedo pavor al número 13 y, como tampoco se atreve a cumplir dos años de golpe (esto es como cuando no nos atrevemos a adelantar a dos coches de golpe), se haya quedado estancada en los 12

  • que en Intervida hayan hecho pegatinas de más y, por no tirarlas, sigan utilizándolas en los dibujos de María Griçelda y en los de sus compañeros

  • que el tiempo en Guatemala se haya detenido (o que avance muy despaciiiito)

  • que nos estén tomando el pelo


Ya estoy empezando a sentir cómo la puñetera conciencia ésta comienza a alzar la voz en vista de nuestro próximo acto. Un placer haberte conocido, María Griçelda. A propósito, ¿cuántos años vas a hacer?

Dolor en el pecho

lunes, 24 de noviembre de 2008
¿No os ha pasado nunca que os despertais con un fuerte dolor en el pecho que os impide respirar? A mí no, pero a una amiga mia sí. De hecho esa noche apenas pudo dormir, nos contó. Lo primero que pensé fue en que, siendo una pareja joven y no pudiendo dormir... Pero no. Aquel dolor en el pecho impedía que la pareja disfrutara de su amor como Dios manda (Dios no dice nada de métodos anticonceptivos, sólo de amaros los unos a los otros), así que había que arreglarlo cuanto antes; y más pensando que el dolor podía ser un dolor patatero, es decir, un dolor causado por la patata... por el corazón: un infarto. ¡Válgame payo!

Raudos y veloces se dirigieron a la sección de Urgencias del hospital más cercano.
- Mire señorita enfermera, que tengo un dolor aquí, en el pecho...
- Me hago cargo. Pase a la salita y siéntese tranquila. Entrará vd. detrás del hombre aquel que tiene el tenedor clavado en la espalda.

Todavía tuvo que esperar unos interminables minutos en los que le dio tiempo a ver cómo llegaban un hombre con el baile de San Vito, una señorita con bata intentado disimular al vibrante perro enganchado por y a sus partes más obscenas, un chino vendiendo rosas y un Iñaki con 3 mochilas llenas de cedeses y deuvedeses. Sin embargo, esto no le sirvió para tranquilizarse.

Ya en el interior de las dependencias hospitalarias le hicieron pruebas de todo tipo: que si fotocopias, que si tocamientos, que si "Resopla fuerte", que si "Inspira más fuerte aún", que si camina por esta línea sin salirte, que si un test en euskera... Total que no le encontraron nada y se fue para casa pensando en lo que le había dicho el médico ojeroso de guardia:
- Habrá sido un fuerte golpe en el pecho.

- ¿Cuándo me habré dado yo un fuerte golpe en el pecho? -pensaba nuestra protagonista-. Quien se sube al armario y hace el grito de Tarzán (con sus correspondientes puñetazos entre ambas tetillas es él), pero esta noche no ha habido nada de nada porque hemos llegado tarde de la fiesta en casa de... en la que hubo ¡karaoke!

- ¡Txurli! ¡Que ya sé de qué me duele el pecho! He estado más de 4 horas cantando a pleno pulmón.

Así que ¿infarto? No, sobreesfuerzo producido al cantar.

P.S.: El test en euskera lo aprobó pero de la línea se salió en dos ocasiones. Ella lo achacó a que no llevaba un calzado con la suela adecuada, que el pavimento estaba resbaladizo y que la línea no tenía las dimensiones adecuadas. Milongas.

Los romanos nos invaden

jueves, 20 de noviembre de 2008
Me hago mayor. O vago. O mayor y vago... el caso es que leo poco; bueno, leer sí leo, pero sólo cuando los párrafos no son muy extensos y vienen acompañados de santos.

Es por eso que me gusta coger la propaganda del buzón y revisar las cositas que nos intentan vender y hoy, al hacerlo, he descubierto que los romanos nos están intentando invadir, tal y como lo hicieron hace ya algunos cientos de años. Que ¿por qué digo esto? Propaganda de Carrefour, página dos: lechuga romana.



Y un poco más abajo, y sin intención de esconderlo, aparece el propio César.



Ahora, entonces, es cuando cobra sentido eso de católico, apostólico y romano.

El oficio de los niños

domingo, 16 de noviembre de 2008
- De mayor quiero ser trabajador de poner ladrillos -afirmaba yo, de pequeño, según la versión de mis padres.

Y ahora supongo que me estaría lamentando. Por la crisis del sector, digo. Mejor hubiese elegido ser inversor de dinero ajeno o afanador del mismo (algo sobre lo que hablaré otro día). Pero en este post no pretendía hablar de mí o, por lo menos, no de mí y ahora sino de mí siendo niño, de los niños en general y de mis niños vecinos en particular.

Pues que, de la misma manera que a mí me hacía ilu ser trabajador de poner ladrillos, el vecino de arriba debe querer parecerse a Antonio Canales. Y para ello, algún cabrón le ha debido regalar zapatos sonoros que, no sé si servirán para bailar, pero sí para hacer ruido. Y se los pone a cualquier hora pero insiste en las horas de siesta. En las que debería haber siesta, me refiero, porque cuando el dichoso niño se pone a bailar no hay vecino que pueda echar una cabezadita. Que, digo yo, ¿no les molestará también a sus padres y abuelos? Porque la casa es de sus abuelos y, por suerte para nosotros, el niño no vive baila de continuo, sólo cuando a sus padres se les ocurre hacernos una visita a todos los vecinos. Porque de la visita nos enteramos todos. ¡Vaya que sí!

Pero no es el único. Tenemos otro. Pared con pared (además, la pared de la siesta). Este lleva unos zapatos más normales pero... ¡ay, el daño que nos está haciendo la televisión! Que si Fernando Alonso por aquí, que si Fernando Alonso por allá... y, claro, al niño le han comprado una moto de esas de Moltó. Y entrena en casa. Además, le han debido quitar las alfombras para que no derrape y oiga mejor el rodar de la moto sobre el suelo. Debe ser para que se vaya haciendo a las sensaciones. ¡Pero es que yo también las noto, señora!

Lo que no me explico es cómo no les molesta también a ellos, a sus padres y abuelos, a no ser que decidan dejarles sólos en casa cuando les ponen los zapatos y les acercan la moto. Ya me estoy imaginando la situación...

- Pichurri, vete abriendo la puerta que le estoy poniendo los zapatos al niño.

- Mira, Pascualín, tienes la moto en la habitación del fondo, cuando mami cierre la puerta cuentas hasta cincuenta y entonces ¡sólo entonces! puedes ir a por ella.

Estoy pensando que a partir de estas Navidades va a empezar a venir a casa mi sobrino imaginario. Sí, el brutote, al que tanto le gusta tocar tambor y trompeta. A la vez. Pero a éste no le dejamos sólo, no; habrá que acompañarle con dos tapaderas y... bueno, alguna idea más se me ocurrirá después de leer la propaganda del ToysRus que he visto que tenemos en casa. Mañana mismo comenzamos los ensayos. ¿Alguien más se apunta?

La imagen del arbañil está sacada de la Wikipedia, como la mayoría de las veces.

Pasta al pesto

domingo, 9 de noviembre de 2008


Pues nada, que este sábado he hecho pasta al pesto siguiendo una receta que por ahí me he encontrado, pero un poco modificada, esto es, que no tengo esto, pues pongo lo otro, que me confundo en una medida, digo que es mi toque personal y listo. En cualquier caso, es algo muy fácil de hacer y muy rápido. Además, es algo que suele gustar... excepto a la vecina de abajo, la de la terraza, la que se puso hecha una furia al ver los restos encima de sus plantas.

Empecemos, entonces. Unas pistas para hacer pasta al pesto.

Ingredientes (para 4-6 personas, depende de lo que coman):

  • 500 gr. de Tagliatelle / espagueti / garbanzini

  • 50 gr. de albahaca fresca / albahaca seca al gusto a ojímetro

  • 100 gr. de margarina

  • 200 gr. de nata líquida

  • 150 gr. de queso parmesano rallado

  • 2 dientes de ajo pelados

  • un puñado de pasas / piñones


Preparación:

En un recipiente hierve la pasta en abundante agua con sal (lo ideal -dicen- es 1 litro de agua y 1 gr. de sal por cada 100 gr. de pasta). Unos 8 minutos tarda en estar "al dente" (que no sé lo que es, pero son 8 minutos).

Mientras se cuece la pasta puedes ir preparando el pesto. Introduce el resto de los ingredientes (la pasta no puede ser, la tienes cociendo en... anda, échale un ojo que se te va a sobrar) en un mismo recipiente, añade sal a tu gusto y mézclalos con la batidora hasta conseguir una crema homogénea y espesa.

Escurre la pasta y sírvela en una fuente; si puede estar caliente, mejor. Encima echa la crema, a temperatura ambiente... tal cual la tienes, vamos. Y ya puedes empezar a comer.

Vale, la receta es clara y sencilla excepto eso de calentar la fuente ¿cómo voy a hacerlo? La puedes poner un rato al sol (si tienes suerte y tienes sol) o la puedes frotar muy rápido con algo rugoso que no haga estallar el recipiente. No vale una lima, por ejemplo, pero sí un trapo de cocina que deberías mover... ¿a la velocidad de la luz del sonido? Es cierto que también podrías meterlo al horno, pero poner a funcionar el mismo sólo para calentar la dichosa fuente... no me convence (a no ser que de segundo vayas a cocinar al gato). Así que, quizás lo mejor sea que pongas la fuente tal y como la sacas del armario. Más importante que que esté caliente es que esté limpia.

A propósito, ¿"pesto" será por el pestazo a ajo que te queda en el aliento si, en vez de hechar un par de dientes, echas una cabeza entera?

¡Ah! ¿La imagen? Por supuesto que no es mía (se me olvidó sacar la foto pertinente). La foto del artículo es de Daniel K. Gebhart.

La importancia de un buen periódico

martes, 4 de noviembre de 2008
No suelo comprar periódicos nunca compro periódicos, de hecho, ni siquiera cojo los gratuitos que reparten en la boca del metro, todas las mañanas, cuando voy de camino al trabajo. Sin embargo, hoy me he dicho:
- ¿Llueve? Pues es tiempo de coger periódicos.

A priori, puede parecer una frase sin ningún sentido. Todo lo contrario. La importancia de un buen periódico es fundamental para el día a día de la persona trabajadora y multidisciplinar. Lo mismo te sirve para envolverte el bocadillo de media mañana, que para metértelo debajo del maillot cuando bajas, pedaleando, alguna pronunciada pendiente, que para usarlo de deshumidificador de zapatillas. Mano de santo, oigan.

Es más, puedo asegurar que incluso hay gente que lo lee; ¿que no lo creen? No tienen mas que acercarse a cualquier Ayuntamiento durante las primeras 6 horas de la mañana.

Y no, no me he metido en ninguna ciénaga, aunque tengo que reconocer que cuando me he enfrentando al charco donde he metido la pezuña esta tarde, entre el color del agua y la longitud que tenía aquello, he sentido miedo. Y ganas de darme la vuelta, claro.

Por eso he metido el izquierdo. Es el malo.

La intención es lo que cuenta

lunes, 3 de noviembre de 2008
Hace un par de semanas, cuando Marisa -mi suegra- volvió de uno de sus períodos de vacaciones, y por acallar -supongo- a la maldita conciencia que se nos despierta a todos antes de volver de nuestro destino de vacaciones y, sobre todo, si es un lugar nuevo... Esa maldita conciencia -decía- es la que nos obliga a comprar delantales bordados (vergonzosos hasta para las despedidas de solteros), gallos de colores (que ni cantan, ni predicen el tiempo, ni nada), mantecados resecos (ni dejándolos en remojo la noche anterior se vuelven jugosos)... es decir, lo que los comerciantes del lugar han decidido que se convierta en típico.

De hecho, hace ya algún tiempo pude asistir a una reunión de comerciantes en un pueblo de la costa mediterránea que aspiraba a convertirse en turístico. La transcribo aquí:
- A ver... un poco de orden. Necesitamos algún producto que nos identifique... ¿alguien tiene alguna idea? -comenzó diciendo el presidente.

- Yo, yo -se revolvía nervioso el más jóven-, tengo una idea genial -sentenció-. Podíamos poner de moda los calcetines con sandalias.

- Mal comienzo -dijo el que estaba a su lado-, el turismo nacional no me extrañaría pero no creo que los ingleses y alemanes que nos visitan, con toda su clase, acepten semejante memez.

Tomó de nuevo la palabra el pastelero-presidente.

- Camisetas de Benidorm, navajas de Albacete, los toros... de Osborne, el cántaro ese típico de Toledo... no sé, quizás, algo relacionado con la alimentación...

- Yo propongo unas pastas de té que reboten -propuso uno del fondo.

- No puede ser -replicó el charcutero- eso ya lo sacaron los del pueblo de al lado hará cosa de dos años.

- ¿Y si usamos cemento en vez de harina para hacerlas? -insistió el mismo.

Se me estaba haciendo pesado; además, me iban a cerrar la tienda donde debía acallar a mi propia conciencia, así que allí les dejé, buscando la mejor manera de darse a conocer.

Pues eso, de la misma manera -supongo- la de Marisa también le gritaba antes de volver a casa. Nosotros ya le habíamos dicho que no la hiciese caso, que se pone muy pesada y total, ¡para nada! Que no tenemos más sitio ni en los altillos ni en el camarote, que es donde van a parar todos esos presentes. Sin embargo, la mujer -que no quería volver con las manos vacías- entró en una pastelería y con su dinero y toda su buena intención nos compró un par de napolitanas de chocolate. Algo que dificilmente se guarda en un cajón.
- Para que desayunéis -dijo.

Más de lo mismo. Napolitana porque vendría de Nápoles y de chocolate porque, de la misma manera que las mujeres hace ya algunos años, tomaban el apellido del marido ésta, al venir de Nápoles, y como me consta que en Nápoles son muy clásicos, seguía manteniendo el apellido del marido: de chocolate. ¿Qué exagero? Sólo hay que fijarse en la foto; y sin esforzarse mucho, además.

¡Ah! Y tengo que aclarar que no hay ratones en mi casa... que los mordiscos que se aprecian en la foto son mios, y que nos desayunamos las dos napolitanas... O lo que fuesen. Eso sí, para ser sincero debo decir que las pobres venían muy sedientas, y que se bebieron todo el tazón de leche antes de que pudiésemos incarles el diente.

El viaje, que debió ser largo.

Las cosas que lamentarías no haber hecho en tu lecho de muerte

miércoles, 29 de octubre de 2008
Ana, de Sueños Felinos me plantea un meme, o sea, un ¡toma marrón que te endiño y a ver cómo sales de ésta! Dice que hay que preguntarse uno mismo qué cosas lamentarías no haber hecho en tu lecho de muerte, y luego, por si fuera poco el marrón de pensar en uno mismo tumbado, ahí, con varias personas comiendo chorizo mientras te miran de reojo, y vuelven a atacar el chorizo (porque ese día se saca el chorizo bueno), vestido con la camisa de los domingos y el pantalón del pijama... que, por otro lado, graciosa me parece la situación porque yo no uso pijama... por si fuera poco -decía- hay que escribirlas.

Así, pues, me sumo al reto y contesto. Lamentaría, entonces:

  • no tener una camisa limpia de cuello Mahou, o miau, o como coño se llamen las camisas esas

  • no haberme comido todo el chorizo bueno, para que cada cual se venga comido de casa o se coma el choped con aceitunas que hubiese reservado para tal fin

  • no haber guardado unos canzoncillos de los gordos, de los que marcan paquete; porque ya que voy a estar sin pantalón, quiero lucirme

  • que se olvidasen de poner un poco la estufita, porque sin pantalones los dedos de los piés se me quedan fríos, y no digamos...

  • no haber trabajado suficientemente mi musculatura abdominal para poderme levantar como un resorte y gritar: ¡Sorpresa!

  • no tener la videocámara grabando, para poder mandar la estampida a videos de primera, subirlo al youtube y hacerme rico, en vida

  • y muchas más cosas -seguro-, más serias, menos idiotas... como no acordarme de hidratarme mi preciado cutis con la crema antiarrugas de la noche, y otras, claro


Y si alguien se quiere animar, que lo haga. Que escriba las suyas, me refiero. Yo no voy a señalar a nadie... por ahora.

Pereza 0 - Karlos 1

martes, 28 de octubre de 2008
Claro, eso si empezamos a contar desde el día de hoy, porque si nos remontamos a... da igual cuándo, el caso es que la Sra. Pereza gana por goleada. Pero no estamos hablando de tiempo atrás, ya sabemos que agua pasada no mueve molino. Hablemos de hoy, entonces.

La he visto prepararse. Sí. Se me ha puesto delante de la puerta dispuesta a no dejarme salir a correr. Antes ya me había atado fuertemente las piernas con la manta, para que no pudiese levantarme de la siesta; pero, no sin apuros, he conseguido zafarme de sus malas artes usadas mientras tenía bajas las defensas. Y los párpados.

Total, que me he calzado mi ropita de deporte y con paso decidido me he plantado delante de la Sra.. Con un golpe seco la he apartado a un lado sin miramientos y me he salido a la calle. Estas cosas son mejor así, no hay que andarse con rodeos. Allí me esperaba Doña Lluvia. Por suerte, ya sabía que estaba allí; ella es muy escandalosa y se la oye hacer ruido cada vez que sale a la calle. Debe tener falta de autoestima o algo así, por eso intenta llamar la atención montando alboroto y pringándolo todo. Por suerte, ya me lo esperaba, llevaba todo el día haciendo de las suyas.

Hora y media he estado aguantándola. Que si te escupo en la cara, que si te hago pis en una pierna... Es como una niña. Y como ha visto que no podía conmigo, ha llamado a varias de sus primas -sí, las que se juntan los fines de semana, todos las conocemos- y han cogido una llorera... y bueno, claro, yo una chupa... de las de agua, que si hubiese sido de cuero no me hubiese importado tanto. Total, que me he ido para casa, ya era hora...

Si seguía o no, allí tirada, la Sra. Pereza, no lo sé. He querido mostrarle mi indiferencia y ni siquiera he mirado para donde podría estar. Así que no la he visto al entrar cabizalto camino de la ducha.

Ahora, después de la sesión de SPA de esta tarde (agua de lluvia, pediluvio y ducha) y de la cena reparadora me doy cuenta de que la Srta. Fascia también quiere su parte de protagonismo en esta historia y decide salir a escenario. Aunque aún es pronto y sólo se asoma tímidamente entre bastidores. Mañana estará en todo su esplendor; pero eso es lo que quería. Mañana tengo cita con un nuevo osteópata, quiero novedades con respecto a mi fascitis. Podía ir sin dolor, pero ¡quiá! Voy a ponérselo difícil, quiero que se gane el sueldo.

La triste vida de las palomas

miércoles, 22 de octubre de 2008
No quiero ser paloma, no. Que quede claro. No sé si alguien de los que me leéis es el encargado de elegir quién o qué seremos en vidas futuras, si es que existe esa posibilidad. Si es así quiero pedirle, por favor, que no me convierta en paloma; gorrión me vale, hasta cuervo ya que el negro estiliza; pero paloma no, por favor.

Dos son las razones fundamentales para no querer ser rata alada:

  1. los cocodrilos me asustan, lo reconozco.

  2. las palomas no son nada organizadas, cada cual va a lo suyo; por eso no tienen ni agencias de viajes, ni tahonas, ni siquiera tiendas de todo a 1 euro. Es más, de hecho cuando se les ocurre morirse -y como no se les ocurre preparar con antelación su paso al cielo palomil- van y lo hacen en un tejado cualquiera.


Por suerte los gusanos sí son organizados y van allí donde mamá Natura les pide que se gusanicen.

Y no, gusano tampoco quiero ser, gracias. No llegaría ni un día pronto a trabajar... (A ver si va a resultar que soy gusano...)

31

lunes, 20 de octubre de 2008
Son 31. Podían ser 5 o 53 pero no, son 31 las fotos que, de forma aleatoria, aparecen en la parte superior derecha. Siempre aparezco yo acompañado de alguien más. Eso, en las lejanas montañas, lo debían llamar egocentrismo; aquí, por suerte, no es así. El gato es mío y... esto... el blog quiero decir, que es mío.

Me paso a Margaré Tastor

sábado, 18 de octubre de 2008
He decidido cambiar de rimmel. Bueno, y de crema hidratante, de antiarrugas y hasta me he decidido probar el votox. Claro que, antes que yo, y como no protesta, se lo he puesto todo al blog. Sí, he vuelto a cambiar el diseño pero, ¿no cambiamos nosotros de ropa y -los que pueden- hasta de peinado? Pues ¿porqué un blog no va a ser igual?

Pues eso, a ver cuánto me dura. Y para no olvidar el anterior, aquí dejo una imagen de como ha sido hasta ahora el diseño con AdsPress.



¡Ah! Por cierto, el tema elegido (y poco modificado por mí) es Amazing Grace Wordpress Theme v2.5, de Vladimir Prelovac.

IX subida a Artxanda. Impresiones

jueves, 16 de octubre de 2008


Utilizo Radio Salil como antiinflamatorio. No sé cómo llegó a casa, pero el caso es que lo descubrí la semana pasada y lo estoy utilizando para la fascitis plantar. Me va de coña. Sólo espero que no me cree mono y me lo tenga que echar también en las comidas.

Lo utilizo como antiinflamatorio pero he leído hace poco que hay gente que lo usa como calentador. Se ahorra la tarifa del gas en casa porque se embarduña, por la mañana y por la noche, de la cabeza a los pies, con el Radio Salil. Por supuesto, esto es una nueva coña. (De las acepciones de la palabra coña ya hablaremos en otro momento.) Lo usan como calentador, o para el calentamiento (o pre-calentamiento dicen otros) en vez de los geles que se venden con esa finalidad. Yo, porque no lo sabía, sino me echo en los güebos, así hubiese subido más rápido.

Que, por otro lado, no fui nada mal. De hecho las sensaciones fueron buenísimas (os recuerdo que no me lo eché en los huevos). No pasé de las 184 pulsaciones (que ya son) y acabé muy digno, con la cabeza alta y el pelo p'atrás... o p'alante, no sé. Notaba, en todo momento, que podía apretar más (para la próxima me compro un canzoncillo una talla más pequeña), pero como no sabía en qué condiciones iba a llegar preferí seguir cómodo; aunque más cómodo estoy en el sofá de casa, sí, lo reconozco.

Claro que muchos dirán:

- No vas a ir cómodo, ¡si hiciste 5 minutos por kilómetro!

- Ya -respondería yo-, pero era mi primera carrera de la temporada. Era cuesta arriba. Érase que se era...

Pues eso. Todo positivo (nunca negatifbo): la carrera me fue bien, la organización se portó muy bien (indicaciones, regalos, duchas, transporte...) y hasta el tiempo acompañó. Sí, me gusta el calor, ¿qué pasa?

Menciones especiales:
  • Fortunato Vencedor Hernández que, a sus 78 años, se pateó los 9.920 m. del recorrido con la única ayuda de sus piernas.
  • Alfonso Aparicio Ares, al que le ha gustado tanto la experiencia que ya está pensando en la del próximo año. (Alfonso, antes tenemos, por lo menos, la Santurtzi-Bilbao y una media maratón. No seas impaciente.)

Y, por fin, la clasificación oficial de los 522 participantes que acabamos la prueba.

- Pero si yo lo hago por participar.

- ¡Y una mierda que te comas! Tú, como yo, lo haces por ganar. Y si puedes adelantar a 10, mejor que a 5. Sí, además el deporte-salud, la sensación que te queda después, el subidón de endorfinas... ¡y los 10 a los que has adelantado!

Y al Josu Amutio ese que alguien le diga que pare ya de correr, que no hace mas que ganarlo todo.

El bizcocho deprimido

miércoles, 15 de octubre de 2008
Érase que se era una bellísima persona, atenta, detallista, amigo de sus amigos... que se metió a repostero. No es que se pusiese el gorro de chef (tampoco lo necesitaba, no tenía un pelo de tonto) y pretendiera dedicarse a ello profesionalmente; no, no era eso, la historia es de otra manera. Comienza un buen día, cuando nuestro chef abrió uno de los armarios de la cocina vió algo, le sorprendió y preguntó:

- Armarito, armarito, ¿desde cuando tienes tú esa latita de leche condensadita?

- Desde cuando, no sé -le respondió (o eso creyó nuestro protagonista)-, pero lo que sí te diré es hasta cuando: hasta el mes que viene, ¡porque caduca!

Así que cheferemo recurrió a toda la sabiduría que había estado recopilando durante años, se relajó, se sentó delante del ordenador y escribió:
Guadobles. Punto. San Google. Punto. Sí.

Y San Google presentósele, y preguntole -con un guiño, con un parpadeo apenas perceptible- que qué carajo queríale, que tenía algo más de 16 millones de preguntas esperandole (note el lector que la anterior palabra es llana) ser respondidas. Y nuestra bellísima persona pidiole recetas en las que la leche condensada fuese uno de sus ingredientes. Y el santo muestróselas. Y la atenta persona eligiole una. Y púsosele a si mismo (creo que me estoy liando) manos a la obra.

Comenzó a buscar los ingredientes y fué tocar los huevos y decidir que iba a cambiar algunos ingredientes, porque le salió de los mismos. Es más, incluso se estiró y retocó la receta original (o retocola, dicho más exactamente). Vamos como al principio (principiole) pero con un par de minúsculas modificaciones. Total, ésta:
Bizcocho de leche condensada

Ingredientes:

  • 3 huevos grandes (tamaño L)

  • 100 grs. de panela (azucar moreno)

  • un sobre de levadura

  • 275 grs. de harina

  • un vaso de café

  • un bote de leche condensada de 340 grs. (yo eché la mitad de uno de 750 grs.)

  • un brick de nata líquida de 200 grs.


Encendemos el horno a 200 grados y dejamos que se caliente mientras mezclamos los ingredientes.

Con la batidora batimos los huevos con el azúcar y, cuando ya estén bien mezclados, añadimos la levadura con la harina tamizadas (pasadas por un colador), el café, la leche condensada y la nata. Batimos hasta que el preparado sea completamente homogéneo.

Untamos de mantequilla el molde en el que vamos a cocinar el bizcocho y lo espolvorearemos con una ligera capa de harina.

Volcamos la mezcla sobre el molde y lo introducimos en el horno durante 40 minutos a 180 grados.

Desmoldamos y dejamos enfriar.

El bizcochito tenía buena pinta, inclusó subió y subió y subió... y subió tanto que se vulcanizó, es decir, que se le abrió un crater en la cocorota, con su humo y todo. Al finalizar el tiempo reglamentario, después del pitido final, nuestro detallista chefero le abrió la puerta del horno para que el bizcochito craterizado pudiera salir.

Miró a un lado y a otro y se animó a salir, pero cuando vió el percal, cuando vió que se lo iban a comer, le entró un agobio del copón y se deprimió.

A ver si la próxima se esmera más nuestro... amigo de sus amigos.

IX subida a Artxanda

viernes, 10 de octubre de 2008
El próximo domingo día 12 es la IX subida a Artxanda. Me la he propuesto a mí mismo (¡Oye Karlos! Te propongo...) como terapia de choque: o termino por arreglarlo... o no. El caso es que ésta forma parte del entrenamiento que me he marcado para finalizar uno de mis retos: la media maratón.

Con la inscripción (6 €) dan una bolsa con regalitos: aceite para masajes (¡Begotxu! Me está entrando un dolor, así por aquí, que me coge el lado este y me repercute... ¡vaya si me repercute!), aceite de calentamiento (cómo si yo lo necesitara), barritas energéticas (donde estén mis galletas rellenas con triple relleno de nocilla-Lidl), colonia (supongo que para después de la prueba), una camiseta (para no tener que ir desnudo), el dorsal y propagandas varias. Eso sí, por mas que he buscado no he encontrado el billete de funicular por ninguna parte, así que no me queda otro remedio que subir corriendo. Y con más razón pensando que le he engañado convencido a Alfonso para que se venga el domingo.

Sólo espero que se nos respete. Yo, por si el tiempo no lo hace llevaré un chubasquero efecto sauna; y por si a algún corredor le da por arrimarse demasiado (ya se sabe, hay gustos para todo), ese día me pondré el canzoncillo faja metalizada a prueba de aperturas no deseadas que reservo para los eventos peligrosos.

Como me sobra mucho tiempo en mi vida y no sé en qué invertirlo; pero sobre todo para demostrar que sí, que pintar pinto, y a veces hasta bien, me he pintado la ruta del domingo. No me valía con la página oficial, no, así que me he decido a pintar la mia. Y, hablando de pintar:
Pintor que pintas mas bien poco,
es normal que te agobies si, además, se te ve un moco.
Pensarás: - Debo huir, cual loco,
más allá del Orinoco.
Me acerco y te digo mientras te toco:
¡Quédate! Anda... para que me pueda reir, de ti, un poco.


Definitivamente, lo mío no es la poesía.

Cojito para toda la vida

miércoles, 8 de octubre de 2008
Espero no quedarme cojito para toda la vida, como les pasaba a los hombres que, nacidos en los bancales de aquel perdido pueblo de montaña, eran arrancados antes de tiempo. La película en la que se narraba ésta y otras historias surrealistas no es otra que Amanece que no es poco, escrita y dirigida por el genial Jose Luís Cuerda.

Me disperso con facilidad; lo sé. Yo no venía a hablar de la película sino de mi dolor en el pie izquierdo. Ya lo comenté hace algún tiempo y sigo con él. Afortunadamente de los otros me he olvidado, sin embargo, éste se mantiene ahí, y eso que le estoy aplicando todos los remedios de la señorita Pepis: que si visitas al quiromasajista, que si le unto con archilla y lo encalcetino para que pase la noche calentito, que si le aplico frío siberiano para que se retraiga (hasta los ebillos se me encogen para adentro gracias al frío que éste y él nada, ale), que si taloneras de gel, que si 8 horas con los piés encima de la mesa del trabajo descanso...

Y ahora es cuando yo me pregunto: ¿no será que a mí también me han arrancado antes de tiempo?

Ir a trabajar merece la pena

La mayoría de los días, después de que suena el despertador, mantengo una dura pelea con las sábanas. Me abrazan las piernas, se me meten en las ingles, se agrupan formando montañas inescalables que, por momentos, parecen crecer a mi alrededor... ¿para qué? Para acabar perdiendo, pues todos los días consigo salir victorioso. Eso sí, la dura pelea no dura nunca menos de 15 minutos y ese tiempo invertido en zafarme de mis mañaneras adversarias es el que me falta para llegar a la hora al trabajo.
Total que, cansado, tarde y agobiado por el montón de cosas que me esperan por hacer. Así llego yo de mañanita a mi centro de trabajo. Sin embargo, hay días en los que don Sol se alía con doñas Nubes y le alegran a uno el día. Esto es lo que me he encontrado esta mañana al llegar a mi despacho:

La alimentación del deportista

miércoles, 24 de septiembre de 2008
En alguna otra ocasión ya he hablado aquí de mi completa alimentación, y hoy os voy a desbelar uno más de mis secretos mejor guardados en cuanto a la alimentación se refiere.

Un buen deportista tiene que cuidarse porque no sólo de entrenar vive el corredor de élite sino de una buena alimentación; por eso, cuando pasamos por Ajo no puede faltar una fuente fundamental de... placer, porque el merengue que me meto entre pecho y espalda me sabe a gloria.

(En la foto se puede apreciar la mitad del merengue: 4 partes. 8, que es el merengue completo, no quiere decir que me dure 8 días sino -simplemente- que lo divido en 8 partes; por la comodidad de la manipulación más que nada. Cada parte equivale a un pastel de tamaño normal, más o menos.)

¿Baca o gato?

lunes, 22 de septiembre de 2008


No hay que creer siempre, y a pies juntillas, lo que los padres de uno cuentan. Sí es cierto que son una buena referencia y, durante nuestros primeros años casi la única. ¡Y de eso se valen! Hay conceptos, ideas... que se encargan de afianzar desde el principio de nuestra vida ¿para qué? Para que hagamos el ridículo, seguro.

El viernes, sin ir más lejos, algo que yo creía tener claro desde siempre, algo que era más antiguo que yo, más antiguo que el oficio de barquillero, incluso, se me derrumbó al llegar a casa. Yo, que siempre he pensado que lo que se coloca encima del techo de los coches se llamaba baca y no, es gato.

La máquina de romper cosas

viernes, 19 de septiembre de 2008


Ya avisé que el toro andaba detrás mio. Me pilló; me dio dos vueltas en el aire y, sin esperar a que tocase el suelo me volvió a cornear. Para despedirse me dio una coz y siguió su camino, supongo que en busca de algún otro pringadillo.

Que no se pueden dejar las cosas para última hora, oye, que la falta de tiempo hace que los quehaceres realizados deprisa y corriendo salgan mal. O no salgan. 20 días sin blog; por suerte no vivo de esto... Ya, pero ¿y la imagen? Sí, bastante mala.

El caso es que intenté una migración en una tarde sin siesta y con la necesidad de preparar la maleta pues nos íbamos al día siguiente de vacaciones. No tengo ordenador portatil y en mi destino, aunque el Ayto. habilitó un telecentro con conexión a internet, no pude hacer mucho.

Muchos temas he dejado pendientes, ahora sólo es cuestión de ponerlos en fila (aunque la fila de dos vueltas al blog) e ir resolviéndolos uno a uno.

Lo prometo, ya he guardado la máquina de romper las cosas. Sin embargo tengo la impresión de que tiene vida propia porque por las noches oigo ruidos extraños...

Migración. Me pilla el toro

jueves, 4 de septiembre de 2008
Como tantas otras veces el toro viene con intención de pillarme y de darme una corná. Y todo por no preparar el terreno con antelación.

Vamos, que tengo que migrar el blog de un alojamiento a otro (de un servicio de hosting a otro, aunque sigo con la misma compañía: Comalis) y tiene que ser esta misma tarde. Así que es probable que hoy, después de la siesta, el blog ande un poco desbarajustado.

Por suerte, del toro de la imagen no me tengo que preocupar, sólo de no dejarme ningún mueble por el camino y de no hacerles rozaduras en el traslado. ¡Suerte maestro! (Si es que yo me lo digo todo...)

A propósito, el autor de la imagen es James Manners.

Propaganda subliminal

A diario nos bombardean con propaganda en internet, televisión, papel... hay comerciales que se machacan los sesos desde el amanecer para conseguir colocar sus marcas en el mayor número de sitios posibles, de una manera que llame la atención. Además, tiene que quedar claro cuál es el producto que se intenta colocar.

Hay otros, sin embargo, que salen de botellón y dejan olvidadas, por ahí, como que no quiere la cosa, sus referencias.

Unos hablarán de propaganda subliminal, otro de publicidad creativa. Yo creo que son unos guarros.

Y no me he tenido que ir lejos para encontrarlo. De hecho, no he tenido que ir a ningún sitio. Ha sido esta misma mañana, en el camino que une mi casa con el trabajo. (De más cosas que me encuentro en mi camino -terreno minado por los desechos caninos, macetas cojas o sin flores- ya hablaré en otra ocasión.)

Una rendición a tiempo es una victoria

lunes, 1 de septiembre de 2008
No he tenido más remedio que rendirme a las peticiones de mis fans. Sí, así son los fans, que le necesitan a uno. Así que me toca ponerme el calzoncillo de talla pequeña, esperar a que la sangre me llegue al cerebro, y ver si esa dichosa masa gris sigue funcionando... Lo que sí noto es que ahora no me funcionan bien las manos... Quizás sea porque cuando me he puesto el calzón me estaba tocando... me los estaba tocando; se me ha olvidado sacarlas y ahora las tengo dormidas... Aún así, algo me ha salido... del cerebro. Ha sido esto:
El tiempo no tiene medida.

Era lunes y casi de madrugada. - ¡Por Dios! ¡Quién podría llamar a la puerta a las 11:00 de la mañana!

Arrastrando la única zapatilla que pudo encontrar, Bernardo se dirigió a la puerta. Arrimó un ojo a la mirilla. Error. Ese no era el válido, había elegido el de la legaña. Cambió de ojo y esta vez sí, vio que al otro lado de la puerta esperaba un funcionario de Correos con bigote y cabeza de melón. - Tengo que cambiar esta mirilla -se dijo-, ésta deforma a las personas de buena voluntad-. Abrió la puerta y allí seguía estando el mismo funcionario, con su mismo bigote y su misma cabeza de melón. - La mirilla se queda donde está -decidió.

Buenos días. Gruñido. Carta certificada. Garabato. Que pase un buen día. Portazo.

Era de su amigo Adelio. La abrió. No contenía mas que un papel en blanco.

Conocía a Adelio desde hacía mucho tiempo, y conocía sus métodos. Nunca conseguiría habituarse a ellos, pero había que aceptarle como era, así que se dirigió a la cocina, encendió una vela, la colocó debajo del papel y, poco a poco, las letras comenzaron a hacerse visibles.

Cuando hubo terminado, el enigmático mensaje decía así:

- Log, odranreB, loG.

Como siempre se dirigió al espejo de la entrada, arrimó el papel, y mirando el reflejo en el espejo pudo leer:

- Gol, Bernardo, gol.

- ¡Mierda! La liga. Se había olvidado de su cita dominical en el bar de Gabino. Y la camiseta del Aleti aún sin sacar del armario...

Era lunes y casi media tarde. ¡Por Dios! Las 11:10 de la mañana y el Marca sin leer.

Porque... sus intenciones no serán otras, ¿no? Las de los fans, me refiero. Otras razones como, por ejemplo... Un, dos tres, responda otra vez:

- esperar a las votaciones para reirse de mí
- reirse sin esperar a las votaciones
- reirse antes, durante y después de las votaciones
- reirse, señalarme y salir corriendo
- reirse a cara descubierta

En cualquier caso, ya se verá. A no ser que miremos con el ojo legañoso.

El Mosquitero. Escrite tu historia

sábado, 30 de agosto de 2008
Hace un tiempo participé con la historia Un nuevo día en el primer concurso Escribe tu historia que Toni, desde El Mosquitero, nos proponía.

No quedé mal, de hecho, quedé muy bien porque, aunque hubo una ganadora, hay que reconocer que todas las historias fueron mediocres excepto la mía; o si no que me expliquen a mí cómo se entiende que todas tubieran algún voto a excepción de la mía. Por tanto la única que destacó, la única que se diferenció del resto... la mía. Sí, la única sin votos y, en esta sociedad donde lo que interesa es marcar la diferencia con el resto, yo, donTis, he destacado: he creado una historia que no se ha llevado ningún voto. ¡A ver quién supera eso!

Ahora, Toni, en vista del éxito de su primer concurso, convoca el segundo. Paso de participar. Ya demostré mi nivel y, bueno, sinceramente, que me he acojonado... a ver si no soy capaz de mantener mi buen hacer y, en este segundo concurso, va algún despistado y se atreve a darme algún voto.

Por cierto, enhorabuena Sara.

El gafe de los reproductores de MP3

jueves, 14 de agosto de 2008
Debo estar gafado con los reproductores de MP3. De la misma manera que la máquina canceladora del Puente colgante jode las bandas magnéticas de los Creditrans, yo, es acercarme a un reproductor de MP3 y que éste empiece a fallar.

Hace un tiempo ya escribí por aquí cómo me fue con mi primer reproductor. No me duró demasiado aquel arreglo y, en vista de cómo me había ido mi primer contacto con el servicio técnico de SilverCrest, decidí comprarme uno nuevo. - Algo barato -dije para mí-, no vaya a ser que éste tampoco me dure mucho.

El afortunado fue un Leiker Samba rojo de 1 Gb. Sencillo y barato. La fecha de compra: 15 de marzo de 2008. Lugar: Carrefour de Sestao.

Pues a día de hoy nuestro reproductor ya ha estado dos veces (2) en el taller. La primera porque se le hundió uno de los botones. La segunda porque se merendaba las pilas aún estando apagado. Ahora, reparado supuestamente reparado, ya no come si está dormido; pero, eso sí, se despierta con un hambre... Le viene a durar una pila una media hora, y eso es mucho hambre para un aparatejo tan pequeñito. ¿Será que está creciendo? Yo, por no traumatizarle, le doy una alcalina por la mañana y otra por la tarde, aunque no veo ni que estire ni que engorde... quizás esté aumentando su memoria... Sí, eso será.

Actualización (2008-08-15 1:46). De la misma manera que hay personas que, aún estando dormidas, son capaces de levantarse de la cama, dirigirse al servicio y, levantando la tapa del retrete, ponerse a mear, mi reproductor es capaz de, estando dormido, levantase a saquear la nevera... O lo que es lo mismo, que aún estando apagado también se come las pilas. Mucho me temo que el servicio técnico no haya hecho nada...

Un día dulce

miércoles, 13 de agosto de 2008
Ayer fue uno de esos días dulces para mí. Para acompañar mi desayuno elegí media napolitana de chocolate y un pastel de manzana. Después de comer me metí 2 helados entre pecho y espalda y, para cenar, la guinda la puso un pastel de merengue. Vamos, que con la energía acumulada en mi jornada de ayer podría irme hasta China a la pata coja y allí pasear a la selección española de baloncesto en mi lomo -que, por cierto, ganó ayer, con dificultades, pero ganó- por todo el recinto olímpico. Y dos vueltas; por lo menos.

Lo dicho, un día dulce.