El día amaneció nublado, sin embargo, alegre, me levanté grácilmente de un salto, preparé sin dilación la bolsa y me bajé al paseo de La Benedicta a disfrutar de esta III travesía.
(Supongo que todo depende del color del cristal con que se mira porque, también existe otra lectura de mis actos comentados en el párrafo anterior; lectura que, aunque no corresponde del todo a la verdad, me veo en la necesidad de reflejar aquí. Todo sea por la dichosa conciencia.)
El día amaneció nublado, sí, y mis ganas de bajar las tenía guardadas en la mesilla, sin ninguna intención de sacarlas; sin em
La Bene estaba acabando de ser engalanada por la gente de la asociación Hacia Delante. Y como había bajado con tiempo pensé en calentar... pero rechacé rápidamente esa idea y, apoyando mis codos en la barandilla, me puse a criticar el trabajo de los que se afanaban en limpiar la ría, algo que, aún sin estudiar, se nos da a todos de maravilla.
- ¡Esos palos mejor retirarlos hacia el otro lado!
- ¡Gira, gira ya, que te dejas el bidón flotante!
- ¡Más garbo, por dios, mueve esa escoba con alegría!
Por suerte no me hicieron ningún caso y dejaron el acceso bastante aceptable, por lo menos para el primer recorrido: el popular. Después, a medida que subía la marea los regalos que nos trajo la misma se hicieron más abundantes y transformaron la travesía en una travesía de obstáculos.
Estrellas hubimos muchas allí (sí, abuela, ¿ves como aprendo?); sin embargo, había dos más conocidas que las demás: Virginia Berasategui y David Meca. Ambos totalmente accesibles y agradables. Dos veces me acerqué a cada uno de ellos y tuvieron todo el tiempo del mundo para mí. Es de agradecer. Sin embargo tengo un reproche que hacerle a David Meca y es que con esa manía que tienen las estrellas de brillar, a mí me hizo cerrar los ojos y no pude lucir mis preciosos ojos azul turquesa. Por eso tuve que volver a acercarme, bueno, por eso y porque no todos los días tiene uno la p
¿El recorrido? 400 m fue lo justo para no perecer en el intento. ¿Que limpiaron el agua? Sí, ya lo he escrito antes, pero lo que quitaron fueron los árboles nadadores y los bidones flotadistas. Lo peor era lo que no se veía hasta que no estabas dentro, hasta que ya era tarde... El agua sabía (y olía) tanto a aceites, pinturas y ga
En cualquier caso tengo que reconocer que no me ha salido ningún tercer brazo, el tamaño de... mis partes sigue siendo el mismo y lo único en l
P.D. La foto de los regalos muestra todos, pero no todos los que me entregaron sino todos los que llegaron a casa (uno tiene sus debilidades y un estómago muy hablador que no se calla con nada).