Las cosas que lamentarías no haber hecho en tu lecho de muerte

miércoles, 29 de octubre de 2008
Ana, de Sueños Felinos me plantea un meme, o sea, un ¡toma marrón que te endiño y a ver cómo sales de ésta! Dice que hay que preguntarse uno mismo qué cosas lamentarías no haber hecho en tu lecho de muerte, y luego, por si fuera poco el marrón de pensar en uno mismo tumbado, ahí, con varias personas comiendo chorizo mientras te miran de reojo, y vuelven a atacar el chorizo (porque ese día se saca el chorizo bueno), vestido con la camisa de los domingos y el pantalón del pijama... que, por otro lado, graciosa me parece la situación porque yo no uso pijama... por si fuera poco -decía- hay que escribirlas.

Así, pues, me sumo al reto y contesto. Lamentaría, entonces:

  • no tener una camisa limpia de cuello Mahou, o miau, o como coño se llamen las camisas esas

  • no haberme comido todo el chorizo bueno, para que cada cual se venga comido de casa o se coma el choped con aceitunas que hubiese reservado para tal fin

  • no haber guardado unos canzoncillos de los gordos, de los que marcan paquete; porque ya que voy a estar sin pantalón, quiero lucirme

  • que se olvidasen de poner un poco la estufita, porque sin pantalones los dedos de los piés se me quedan fríos, y no digamos...

  • no haber trabajado suficientemente mi musculatura abdominal para poderme levantar como un resorte y gritar: ¡Sorpresa!

  • no tener la videocámara grabando, para poder mandar la estampida a videos de primera, subirlo al youtube y hacerme rico, en vida

  • y muchas más cosas -seguro-, más serias, menos idiotas... como no acordarme de hidratarme mi preciado cutis con la crema antiarrugas de la noche, y otras, claro


Y si alguien se quiere animar, que lo haga. Que escriba las suyas, me refiero. Yo no voy a señalar a nadie... por ahora.

Pereza 0 - Karlos 1

martes, 28 de octubre de 2008
Claro, eso si empezamos a contar desde el día de hoy, porque si nos remontamos a... da igual cuándo, el caso es que la Sra. Pereza gana por goleada. Pero no estamos hablando de tiempo atrás, ya sabemos que agua pasada no mueve molino. Hablemos de hoy, entonces.

La he visto prepararse. Sí. Se me ha puesto delante de la puerta dispuesta a no dejarme salir a correr. Antes ya me había atado fuertemente las piernas con la manta, para que no pudiese levantarme de la siesta; pero, no sin apuros, he conseguido zafarme de sus malas artes usadas mientras tenía bajas las defensas. Y los párpados.

Total, que me he calzado mi ropita de deporte y con paso decidido me he plantado delante de la Sra.. Con un golpe seco la he apartado a un lado sin miramientos y me he salido a la calle. Estas cosas son mejor así, no hay que andarse con rodeos. Allí me esperaba Doña Lluvia. Por suerte, ya sabía que estaba allí; ella es muy escandalosa y se la oye hacer ruido cada vez que sale a la calle. Debe tener falta de autoestima o algo así, por eso intenta llamar la atención montando alboroto y pringándolo todo. Por suerte, ya me lo esperaba, llevaba todo el día haciendo de las suyas.

Hora y media he estado aguantándola. Que si te escupo en la cara, que si te hago pis en una pierna... Es como una niña. Y como ha visto que no podía conmigo, ha llamado a varias de sus primas -sí, las que se juntan los fines de semana, todos las conocemos- y han cogido una llorera... y bueno, claro, yo una chupa... de las de agua, que si hubiese sido de cuero no me hubiese importado tanto. Total, que me he ido para casa, ya era hora...

Si seguía o no, allí tirada, la Sra. Pereza, no lo sé. He querido mostrarle mi indiferencia y ni siquiera he mirado para donde podría estar. Así que no la he visto al entrar cabizalto camino de la ducha.

Ahora, después de la sesión de SPA de esta tarde (agua de lluvia, pediluvio y ducha) y de la cena reparadora me doy cuenta de que la Srta. Fascia también quiere su parte de protagonismo en esta historia y decide salir a escenario. Aunque aún es pronto y sólo se asoma tímidamente entre bastidores. Mañana estará en todo su esplendor; pero eso es lo que quería. Mañana tengo cita con un nuevo osteópata, quiero novedades con respecto a mi fascitis. Podía ir sin dolor, pero ¡quiá! Voy a ponérselo difícil, quiero que se gane el sueldo.

La triste vida de las palomas

miércoles, 22 de octubre de 2008
No quiero ser paloma, no. Que quede claro. No sé si alguien de los que me leéis es el encargado de elegir quién o qué seremos en vidas futuras, si es que existe esa posibilidad. Si es así quiero pedirle, por favor, que no me convierta en paloma; gorrión me vale, hasta cuervo ya que el negro estiliza; pero paloma no, por favor.

Dos son las razones fundamentales para no querer ser rata alada:

  1. los cocodrilos me asustan, lo reconozco.

  2. las palomas no son nada organizadas, cada cual va a lo suyo; por eso no tienen ni agencias de viajes, ni tahonas, ni siquiera tiendas de todo a 1 euro. Es más, de hecho cuando se les ocurre morirse -y como no se les ocurre preparar con antelación su paso al cielo palomil- van y lo hacen en un tejado cualquiera.


Por suerte los gusanos sí son organizados y van allí donde mamá Natura les pide que se gusanicen.

Y no, gusano tampoco quiero ser, gracias. No llegaría ni un día pronto a trabajar... (A ver si va a resultar que soy gusano...)

31

lunes, 20 de octubre de 2008
Son 31. Podían ser 5 o 53 pero no, son 31 las fotos que, de forma aleatoria, aparecen en la parte superior derecha. Siempre aparezco yo acompañado de alguien más. Eso, en las lejanas montañas, lo debían llamar egocentrismo; aquí, por suerte, no es así. El gato es mío y... esto... el blog quiero decir, que es mío.

Me paso a Margaré Tastor

sábado, 18 de octubre de 2008
He decidido cambiar de rimmel. Bueno, y de crema hidratante, de antiarrugas y hasta me he decidido probar el votox. Claro que, antes que yo, y como no protesta, se lo he puesto todo al blog. Sí, he vuelto a cambiar el diseño pero, ¿no cambiamos nosotros de ropa y -los que pueden- hasta de peinado? Pues ¿porqué un blog no va a ser igual?

Pues eso, a ver cuánto me dura. Y para no olvidar el anterior, aquí dejo una imagen de como ha sido hasta ahora el diseño con AdsPress.



¡Ah! Por cierto, el tema elegido (y poco modificado por mí) es Amazing Grace Wordpress Theme v2.5, de Vladimir Prelovac.

IX subida a Artxanda. Impresiones

jueves, 16 de octubre de 2008


Utilizo Radio Salil como antiinflamatorio. No sé cómo llegó a casa, pero el caso es que lo descubrí la semana pasada y lo estoy utilizando para la fascitis plantar. Me va de coña. Sólo espero que no me cree mono y me lo tenga que echar también en las comidas.

Lo utilizo como antiinflamatorio pero he leído hace poco que hay gente que lo usa como calentador. Se ahorra la tarifa del gas en casa porque se embarduña, por la mañana y por la noche, de la cabeza a los pies, con el Radio Salil. Por supuesto, esto es una nueva coña. (De las acepciones de la palabra coña ya hablaremos en otro momento.) Lo usan como calentador, o para el calentamiento (o pre-calentamiento dicen otros) en vez de los geles que se venden con esa finalidad. Yo, porque no lo sabía, sino me echo en los güebos, así hubiese subido más rápido.

Que, por otro lado, no fui nada mal. De hecho las sensaciones fueron buenísimas (os recuerdo que no me lo eché en los huevos). No pasé de las 184 pulsaciones (que ya son) y acabé muy digno, con la cabeza alta y el pelo p'atrás... o p'alante, no sé. Notaba, en todo momento, que podía apretar más (para la próxima me compro un canzoncillo una talla más pequeña), pero como no sabía en qué condiciones iba a llegar preferí seguir cómodo; aunque más cómodo estoy en el sofá de casa, sí, lo reconozco.

Claro que muchos dirán:

- No vas a ir cómodo, ¡si hiciste 5 minutos por kilómetro!

- Ya -respondería yo-, pero era mi primera carrera de la temporada. Era cuesta arriba. Érase que se era...

Pues eso. Todo positivo (nunca negatifbo): la carrera me fue bien, la organización se portó muy bien (indicaciones, regalos, duchas, transporte...) y hasta el tiempo acompañó. Sí, me gusta el calor, ¿qué pasa?

Menciones especiales:
  • Fortunato Vencedor Hernández que, a sus 78 años, se pateó los 9.920 m. del recorrido con la única ayuda de sus piernas.
  • Alfonso Aparicio Ares, al que le ha gustado tanto la experiencia que ya está pensando en la del próximo año. (Alfonso, antes tenemos, por lo menos, la Santurtzi-Bilbao y una media maratón. No seas impaciente.)

Y, por fin, la clasificación oficial de los 522 participantes que acabamos la prueba.

- Pero si yo lo hago por participar.

- ¡Y una mierda que te comas! Tú, como yo, lo haces por ganar. Y si puedes adelantar a 10, mejor que a 5. Sí, además el deporte-salud, la sensación que te queda después, el subidón de endorfinas... ¡y los 10 a los que has adelantado!

Y al Josu Amutio ese que alguien le diga que pare ya de correr, que no hace mas que ganarlo todo.

El bizcocho deprimido

miércoles, 15 de octubre de 2008
Érase que se era una bellísima persona, atenta, detallista, amigo de sus amigos... que se metió a repostero. No es que se pusiese el gorro de chef (tampoco lo necesitaba, no tenía un pelo de tonto) y pretendiera dedicarse a ello profesionalmente; no, no era eso, la historia es de otra manera. Comienza un buen día, cuando nuestro chef abrió uno de los armarios de la cocina vió algo, le sorprendió y preguntó:

- Armarito, armarito, ¿desde cuando tienes tú esa latita de leche condensadita?

- Desde cuando, no sé -le respondió (o eso creyó nuestro protagonista)-, pero lo que sí te diré es hasta cuando: hasta el mes que viene, ¡porque caduca!

Así que cheferemo recurrió a toda la sabiduría que había estado recopilando durante años, se relajó, se sentó delante del ordenador y escribió:
Guadobles. Punto. San Google. Punto. Sí.

Y San Google presentósele, y preguntole -con un guiño, con un parpadeo apenas perceptible- que qué carajo queríale, que tenía algo más de 16 millones de preguntas esperandole (note el lector que la anterior palabra es llana) ser respondidas. Y nuestra bellísima persona pidiole recetas en las que la leche condensada fuese uno de sus ingredientes. Y el santo muestróselas. Y la atenta persona eligiole una. Y púsosele a si mismo (creo que me estoy liando) manos a la obra.

Comenzó a buscar los ingredientes y fué tocar los huevos y decidir que iba a cambiar algunos ingredientes, porque le salió de los mismos. Es más, incluso se estiró y retocó la receta original (o retocola, dicho más exactamente). Vamos como al principio (principiole) pero con un par de minúsculas modificaciones. Total, ésta:
Bizcocho de leche condensada

Ingredientes:

  • 3 huevos grandes (tamaño L)

  • 100 grs. de panela (azucar moreno)

  • un sobre de levadura

  • 275 grs. de harina

  • un vaso de café

  • un bote de leche condensada de 340 grs. (yo eché la mitad de uno de 750 grs.)

  • un brick de nata líquida de 200 grs.


Encendemos el horno a 200 grados y dejamos que se caliente mientras mezclamos los ingredientes.

Con la batidora batimos los huevos con el azúcar y, cuando ya estén bien mezclados, añadimos la levadura con la harina tamizadas (pasadas por un colador), el café, la leche condensada y la nata. Batimos hasta que el preparado sea completamente homogéneo.

Untamos de mantequilla el molde en el que vamos a cocinar el bizcocho y lo espolvorearemos con una ligera capa de harina.

Volcamos la mezcla sobre el molde y lo introducimos en el horno durante 40 minutos a 180 grados.

Desmoldamos y dejamos enfriar.

El bizcochito tenía buena pinta, inclusó subió y subió y subió... y subió tanto que se vulcanizó, es decir, que se le abrió un crater en la cocorota, con su humo y todo. Al finalizar el tiempo reglamentario, después del pitido final, nuestro detallista chefero le abrió la puerta del horno para que el bizcochito craterizado pudiera salir.

Miró a un lado y a otro y se animó a salir, pero cuando vió el percal, cuando vió que se lo iban a comer, le entró un agobio del copón y se deprimió.

A ver si la próxima se esmera más nuestro... amigo de sus amigos.

IX subida a Artxanda

viernes, 10 de octubre de 2008
El próximo domingo día 12 es la IX subida a Artxanda. Me la he propuesto a mí mismo (¡Oye Karlos! Te propongo...) como terapia de choque: o termino por arreglarlo... o no. El caso es que ésta forma parte del entrenamiento que me he marcado para finalizar uno de mis retos: la media maratón.

Con la inscripción (6 €) dan una bolsa con regalitos: aceite para masajes (¡Begotxu! Me está entrando un dolor, así por aquí, que me coge el lado este y me repercute... ¡vaya si me repercute!), aceite de calentamiento (cómo si yo lo necesitara), barritas energéticas (donde estén mis galletas rellenas con triple relleno de nocilla-Lidl), colonia (supongo que para después de la prueba), una camiseta (para no tener que ir desnudo), el dorsal y propagandas varias. Eso sí, por mas que he buscado no he encontrado el billete de funicular por ninguna parte, así que no me queda otro remedio que subir corriendo. Y con más razón pensando que le he engañado convencido a Alfonso para que se venga el domingo.

Sólo espero que se nos respete. Yo, por si el tiempo no lo hace llevaré un chubasquero efecto sauna; y por si a algún corredor le da por arrimarse demasiado (ya se sabe, hay gustos para todo), ese día me pondré el canzoncillo faja metalizada a prueba de aperturas no deseadas que reservo para los eventos peligrosos.

Como me sobra mucho tiempo en mi vida y no sé en qué invertirlo; pero sobre todo para demostrar que sí, que pintar pinto, y a veces hasta bien, me he pintado la ruta del domingo. No me valía con la página oficial, no, así que me he decido a pintar la mia. Y, hablando de pintar:
Pintor que pintas mas bien poco,
es normal que te agobies si, además, se te ve un moco.
Pensarás: - Debo huir, cual loco,
más allá del Orinoco.
Me acerco y te digo mientras te toco:
¡Quédate! Anda... para que me pueda reir, de ti, un poco.


Definitivamente, lo mío no es la poesía.

Cojito para toda la vida

miércoles, 8 de octubre de 2008
Espero no quedarme cojito para toda la vida, como les pasaba a los hombres que, nacidos en los bancales de aquel perdido pueblo de montaña, eran arrancados antes de tiempo. La película en la que se narraba ésta y otras historias surrealistas no es otra que Amanece que no es poco, escrita y dirigida por el genial Jose Luís Cuerda.

Me disperso con facilidad; lo sé. Yo no venía a hablar de la película sino de mi dolor en el pie izquierdo. Ya lo comenté hace algún tiempo y sigo con él. Afortunadamente de los otros me he olvidado, sin embargo, éste se mantiene ahí, y eso que le estoy aplicando todos los remedios de la señorita Pepis: que si visitas al quiromasajista, que si le unto con archilla y lo encalcetino para que pase la noche calentito, que si le aplico frío siberiano para que se retraiga (hasta los ebillos se me encogen para adentro gracias al frío que éste y él nada, ale), que si taloneras de gel, que si 8 horas con los piés encima de la mesa del trabajo descanso...

Y ahora es cuando yo me pregunto: ¿no será que a mí también me han arrancado antes de tiempo?

Ir a trabajar merece la pena

La mayoría de los días, después de que suena el despertador, mantengo una dura pelea con las sábanas. Me abrazan las piernas, se me meten en las ingles, se agrupan formando montañas inescalables que, por momentos, parecen crecer a mi alrededor... ¿para qué? Para acabar perdiendo, pues todos los días consigo salir victorioso. Eso sí, la dura pelea no dura nunca menos de 15 minutos y ese tiempo invertido en zafarme de mis mañaneras adversarias es el que me falta para llegar a la hora al trabajo.
Total que, cansado, tarde y agobiado por el montón de cosas que me esperan por hacer. Así llego yo de mañanita a mi centro de trabajo. Sin embargo, hay días en los que don Sol se alía con doñas Nubes y le alegran a uno el día. Esto es lo que me he encontrado esta mañana al llegar a mi despacho: