Mala educación número 21

domingo, 8 de febrero de 2009
Esta mañana, cuando nos dirigíamos a la calle, nos hemos cruzado en la escalera con el pescador. Se ve que hoy tenía los sentidos encendidos pues nos ha visto y ¡hasta nos ha saludado!
- ¡¿Qué pasa pareja?! -ha salido por esa muda boca en la mayoría de las ocasiones.

Como cuando te ladra un perro que te sale de detrás de una esquina, en un acto reflejo, das un respingo patrás y te pones a la defensiva yo, hoy, le he saludado.
- Buenos días.

Y, automáticamente, me he lamentado.
- ¡Mierda! Me la ha jugao. La próxima paso de él, como hace siempre conmigo.

Begotxu, más despierta, se ha limitado a oír cómo llovía.

Un piso más abajo nos hemos encontrado con un matrimonio que subía. Ellos no deben haberse encontrado con nadie pues a nuestro -Buenos días- no ha respondido ninguno de los dos. Ya en la calle, pero en la misma acera del portal, nuestro paso de aceleraquellegamostarde -porque lo hacíamos- ha hecho que adelantásemos a un hombre que, en un lenguaje no muy correcto, nos ha debido decir adiós al pasar.
- ¡Burrlllp!

Vamos, lo que en forma de gas te sale por la boca después de haberte bebido, de golpe, una gaseosa de 2 litros.

A la vuelta, y de nuevo en el portal, nos hemos cruzado con 3 personas más:

  • con la hija de BigFoot. Ni nos ha visto ni oído; pero claro, eso nos pasa por medir 15 cm. y pasar sin respirar caminando de puntillas con las zapatillas de piel de gato cuando nos cruzamos con la gente.

  • con el nieto de BigFoot. Quien tampoco ha dicho nada pero que no se lo vamos a tener en cuenta porque iba en su capazo y lo mismo no sabe ni hablar... vamos, como el resto de vecinos.

  • con la madre de el txiquitero que ésta sí -¡Que toquen las trompetas! ¡Que suenen los clarines! Oigo a querubines angelosos cantando al unísono mientras una resplandeciente luz la ilumina desde lo alto.- ésta sí -decía- nos ha saludado como una persona normal.


Total, que tendré que ir mañana mismo a pedir al Ayuntamiento un cambio en el nombre de la calle: de Miguel de Cervantes a Mala educación. Dada la situación, creo que es lo más correcto. Así que las cartas, regalos, pasteles, dádivas y donaciones las envíais a la nueva dirección: Mala educación número 21.