Durante un día, el de ayer, no he sido yo. Bueno... he seguido siendo yo pero, además, he tenido la fortuna de ser... presi. De mesa. Preparé mi voz de barítono, empaqueté mi orgullo, dejé la mala hostia en un cajón de casa y dirigí mis pasos al colegio electoral. Allí me pasé todo el día. De 8:00 a 22:30. Por 53 euros. Por suerte, hubo muy buen ambiente; que si no aquello hubiera sido mortal. Pesado ya fue, y la tensión que se vivió en el recuento... para olvidar; y todo el papeleo... excesivamente inutil según la opinión de vocales, interventores, apoderados y el propio presidente. Gracias a todos por hacerme el día de ayer más llevadero (sobre todo al presi, con quien me llevo muy bien).
Pero con una ya he tenido suficiente.
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