- ¿Grunsu fus Urdunulu? -me pregunta un hombre desde debajo de su nevado paraguas.
Me paro, enciendo el traductor persona-aldeano-persona y me giro hacia él.
- ¿Qué dice? No le entiendo.
- ¡Qué si vas para Urioste!
- Mi destino es Sestao, donde está mi casita.
- Es para que le digas al de la granja que una de sus vacas está tirada allí abajo, muy hinchada. Que venga a recogerla.
- No sé quién es el de la granja -aunque recuerdo haber pasado una cuando he venido-, pero si veo a alguien allí se lo comento -le digo mientras me pongo en marcha. No quiero convertirme en un muñeco de nieve y que me pongan una nariz de zanahoria... el naranja no me convina con las zapatillas.
Al llegar a la granja disminuyo me endiablada velocidad y... ¡premio!
- ¡Oiga! ¿Las vacas de más adelante son suyas? -le grito al hombre que se refugia bajo la tejavana.
Con parsimonia se acerca las manos al cigarrillo, le da una profunda calada y me mira... ¿La nieve le impedirá oír? No me sobra el tiempo, así que...
- ... es que hay una tumbada... Lo mismo hasta le pasa algo.
- Bien... -me contesta después de dos interminables segundos.
- De nada -le grito mientras reanudo mi vertiginosa carrera. Se conoce que la nieve también me ha impedido oír su "Gracias".
Ya de vuelta en casa las barrillas me reciben cordiales y me prometo a mí mismo que de este sábado no pasa. Saco a pasear al aspirador, fijo, en cuanto se marchen los reyes de casa. Que se abracen a sus amigos los pastores y con todos sus animalicos y con la familia esa de protas marchando al camarote, hasta dentro de 11 meses, ¡ale! Que ya que lo manchan todo de pan rallado y harina bien podrían arrimar el hombro y limpiar un poco. ¡Pues no! Se quedan todo el día ahí, quietitos, haciendo figuritas... El día que me canse...
Bueno, y yo a prepararme, que hoy Begotxu ha aprobado el carné de conducir y tiene que haber celebración... A ver si llego a tiempo y no se ha dormido ya porque las horas que son, que no sé qué hago a estas horas escribiendo pudiendo estar... en otro lugar. Hasta mañana.