- Armarito, armarito, ¿desde cuando tienes tú esa latita de leche condensadita?
- Desde cuando, no sé -le respondió (o eso creyó nuestro protagonista)-, pero lo que sí te diré es hasta cuando: hasta el mes que viene, ¡porque caduca!
Así que cheferemo recurrió a toda la sabiduría que había estado recopilando durante años, se relajó, se sentó delante del ordenador y escribió:
Guadobles. Punto. San Google. Punto. Sí.
Y San Google presentósele, y preguntole -con un guiño, con un parpadeo apenas perceptible- que qué carajo queríale, que tenía algo más de 16 millones de preguntas esperandole (note el lector que la anterior palabra es llana) ser respondidas. Y nuestra bellísima persona pidiole recetas en las que la leche condensada fuese uno de sus ingredientes. Y el santo muestróselas. Y la atenta persona eligiole una. Y púsosele a si mismo (creo que me estoy liando) manos a la obra.
Comenzó a buscar los ingredientes y fué tocar los huevos y decidir que iba a cambiar algunos ingredientes, porque le salió de los mismos. Es más, incluso se estiró y retocó la receta original (o retocola, dicho más exactamente). Vamos como al principio (principiole) pero con un par de minúsculas modificaciones. Total, ésta:
Bizcocho de leche condensada
Ingredientes:
- 3 huevos grandes (tamaño L)
- 100 grs. de panela (azucar moreno)
- un sobre de levadura
- 275 grs. de harina
- un vaso de café
- un bote de leche condensada de 340 grs. (yo eché la mitad de uno de 750 grs.)
- un brick de nata líquida de 200 grs.
Encendemos el horno a 200 grados y dejamos que se caliente mientras mezclamos los ingredientes.
Con la batidora batimos los huevos con el azúcar y, cuando ya estén bien mezclados, añadimos la levadura con la harina tamizadas (pasadas por un colador), el café, la leche condensada y la nata. Batimos hasta que el preparado sea completamente homogéneo.
Untamos de mantequilla el molde en el que vamos a cocinar el bizcocho y loespolvorearemos con una ligera capa de harina.
Volcamos la mezcla sobre el molde y lo introducimos en el horno durante 40 minutos a 180 grados.
Desmoldamos y dejamos enfriar.
Miró a un lado y a otro y se animó a salir, pero cuando vió el percal, cuando vió que se lo iban a comer, le entró un agobio del copón y se deprimió.
A ver si la próxima se esmera más nuestro... amigo de sus amigos.
4 comentarios:
Jajajaja.... cómo siempre, las risas contigo están aseguradas!!.
Me gusta cómo escribes. Lo sé, lo sé! te lo he dicho cienes y cienes de veces, pero esta vez ésta que escribe te agradecerá seas bien educado y no me contestes con un "Ana, eres una exagerada, no es para tanto". Ok? porque luego me tienes dolida más de una semana y con la crisis ya tengo más que suficiente, si?.
Nunca digo las cosas por decir o por quedar bien con nadie. Y no soy "exagerada"!! Soy expresiva!!.
Vete acostumbrando, corazón, porque pienso seguir siéndolo. Eso o me pides educadamente que me abstenga de comentar en tus posts porque NO estás acostumbrado a los halagos y reconocimientos y cómo NO puedes sobrellevarlo (TÚ) prefieres que sea YO la que me aguante.
Tú dirás qué hacemos.
;-)
Mientras te lo piensas. Un abrazo al cocinero.
Joer! que va a ser que sirves pá tó!!
(Uy! otro halago!! respira, inspira, respira, inspira..... ya pasó!! ;-)
Me alegra ver que además de ser un informático profesional y un marido ejemplar sea un grandioso chef, no recordaba yo esa faceta tuya. Pero, ¿quién se beneficia del bizcocho craterizado y deprimido?¿no sería bueno repartirlo entre los más allegados/as?(no me refiero a tus vecinos)Con esto me refiero que ya que no se lleva eso de ir a lavar al rio o de dar la paga a los sobrinos, ¿tampoco se lleva invitar a tomar un café con ese bizcochito especial?
Un besazo enorme
[...] - Ya -respondería yo-, pero era mi primera carrera de la temporada. Era cuesta arriba. Érase que se era… [...]
Ana. Otra cosa no sé, pero yo creo que soy educado. Mis padres se pusieron burros en eso y algo -no tengo a mi abuela cerca- han conseguido.
Gracias por tus halagos, a nadie le amarga un dulce (a lo mucho te deja esa sensación en la lengua como de trapo); pero tienes que reconocer que el bizcocho no tuvo un final apoteósico; quizás el segundo o el tercero, pero no éste.
Y, claro, sé libre de comentar... o de no hacerlo. Ahora comento, ahora no. Ahora respiro, ahora no. Ahora duermo, ahora no. Ahora canto, ahora no. Ahora me callo, ahora no. ¡Ay, la vida! Que está llena de intermitencias... Ahora me funciona bien el cerebro, ahora mejor.
Ainhoa. "Informático profesional" del cagarse te ha faltado escribir. Y más facetas que ni yo mismo sé que tengo. Que ¿quién se beneficia del bizcocho? El menda, y unas compañeras de trabajo a las que he conseguido engañar (Begotxu me tiene cogido el punto y pasa de comer baldosas). Si quieres un trozo te lo puedo mandar con algún transportista, aunque me temo que me cobrará mucho, por sobrepeso del paquete. De hecho me lo estoy comiendo en el desayuno, pero es costoso de pasar, no unta. Se hunde.
Con todo lo que te he contado, ¿todavía quieres un pedazo?
Publicar un comentario