Estar en posesión de una enorme casa, de esas sin límites conocidos tiene que fardar, sí, no lo niego, pero sobre todo tiene que dar muchos quebraderos de cabeza. Me imagino los sábados a la mañana, cuando buscas al candidato semanal para conductor de aspiradora y te das cuenta de que las manos que podrían empuñar su plateado mango telescópico se han unido a los piés de la misma persona y se han ubicado en el rancho Polvorosa. Pienso en lo costoso que puede llegar a ser algo tan simple y cotidiano como arrojar una cáscara de plátano en la bolsa de basura de la cocina, una cocina que estaría ubicada a chorrocientos metros de cualquier lugar dentro de esa inmensa casa...
Eso debía pensar aquel vecino que en su día tuvimos en el portal de al lado, aquel que no se molestaba en bajar la basura al contenedor que usábamos el resto. Él la tiraba por la ventana. Y no, buena puntería no tenía.
Hace un tiempo ya que no sabemos nada de él. ¿A que se ha enrolado en la NASA?
La basura por mi ventana
lunes, 16 de marzo de 2009
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kaferemo
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lunes, marzo 16, 2009
Etiquetas:
basura,
Cajón de sastre
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