Os pongo en antecedentes: hemos cambiado de ascensor y, poco a poco, durante un tiempo considerable hemos ido poniendo derramas. Pues bien, una vez pagado, la asesoría que nos lleva la administración ha vuelto a hacer cuentas y ha determinado que las que en su día se hicieron no eran correctas y que hemos ingresado, en la cuenta de la comunidad, algo más de 140 euros por vivienda. Que si queríamos que se nos devolviese o...
-¡Guarf! ¡Guarf! -ladraban unos.
-¡Auuuuu! -aullaban otros.
Así que se decidió devolver ese dinero. Y se continuó con el orden del día: las ventanas de la escalera. Que si están muy viejas, que si hay que ir pensando en cambiarlas, que si pedimos presupuestos, que si subimos la cuota, que si hay que poner derramas para hacer frente al gasto...
-¿Y si dejamos esos 140 euros para hacer frente a estos próximos gastos -se atrevió a decir una de las vecinas, la que llevaba sus luces encendidas.
-¡Auuuuu! -aullaron unos.
-¡Guarf! ¡Guarf! -ladraron otros.
Total, que hemos decidido que nos devuelvan 140 euros, que incrementamos la cuota en 5 (que por 12 meses ya son 60 euros), y que haremos una próxima derrama (en uno o dos meses) para poder hacer frente al inminente cambio de ventanas.
Ahora lo tengo claro, lo del prolífico Francisco Ibáñez no era mérito; él bajaba a las reuniones de portal y no hacía mas que plasmar, en sus viñetas, lo que allí pasaba.
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