... se llegó hasta mi toalla para revolcarse en ella. Con un ágil movimiento la recogí con mi mano derecha y la lancé, grácilmente, a unos 3 metros. No fue un lanzamiento como para entrar en la final pero para haber sido sin preparación no estuvo mal.
Debió gustarle el vuelo porque volvió a acercase a mi toalla. Esta vez la lancé con mi mano izquierda y el vuelo no duró más que unos escasos 2 metros. Lo anulé sacando el pie de la toalla, como hacen los profesionales que no quieren un lanzamiento por debajo de sus posibilidades...
Tercera vez que la perrita venía y tercera que salía despedida. Éste sí, casi 4 metros y doble tirabuzón y medio para caer sobre el lomo. 3,1 de dificultad técnica y 9,6 en la ejecución (lástima de la caída sobre el lomo).
Por fin el limitado dueño se percata y, torpemente, comienza a desenrollar la cadena mientras se dirige hacia mí:
- Perdone, perdone, perdone.
- Perdonado -digo, mientras ejecuto mi cuarto lanzamiento, claramente perjudicado por la sesuda conversación mantenida con este señor poco dueño de los actos de su perra.
Todavía tengo tiempo de proyectar un quinto lanzamiento, y último, antes de ver -por fin- atada a la juguetona perrita. Más de 4 metros y rotación sobre dos ejes hacen que me lleve un merecido sol de oro, y la perrita un rebozado que bien podría hacer la competencia a las croquetas de la mejor abuela.
Sacudí la toalla para deleite del público y me tumbé plácidamente al sol. Creo que he hecho una nueva amiga.
La perrita voladora
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Publicado por
kaferemo
en
miércoles, diciembre 08, 2010
Etiquetas:
Cajón de sastre
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