A pesar de llegar con una hora de antelación y de aparcar sin problemas en Mendizabala (Jose también llega a su hora y con los deberes hechos) el tiempo se me echa encima y apenas podemos calentar. 1ª conclusión: el día de la competición tengo que preparlo como un entrenamiento más, llegada, vestimenta y calentamiento incluídos.
Lo dicho: día despejado y 2º de temperatura; lo esperado, así que tirantes, pantalón corto, Asics Gel DS Trainer 15, guantes y manguitos. Con nervios nos aceramos a la salida y nos despedimos, dirigiéndonos a nuestras ubicaciones. Busco el globo de 1:30 y me coloco un poco más atrás (este año no es globo sino banderola clavada en lo alto de una mochila con corredor incluido... me vale igual que el globo). Mi cabeza me dice que tengo que ir con calma, pero los tiempos de la pasada Santurce-Bibao me hacen ser optimista.
Silencio sepulcral en el minuto de silencio previo al pistoletazo de salida (homenaje a una mujer de la organización con la que no podremos volver a contar). Salto el seto que me separa de la marea de gente y me incorporo al torrente que me llevará hasta la meta. Mi banderola se ha perdido en la lejanía; no hay problema, ya la alcanzaré... si puedo. Adelanto a algunos pocos -pocos me adelantan a mí- y eso quiere decir que estoy bien colocado. Estoy con buenas sensaciones, miro el pulsómetro y me dice que voy en 4:15... debería ir más despacio, pero me siento bien; así que sigo.
Los kilómetros pasan, en el 6 llego al tapón organizado por mi banderolareferencia e, incómodo por correr apretado, y animado por mis sensaciones aguanto un par de kilómetros antes de pasarle (pero no me voy más allá de 20 metros, calculo).
Mantengo el ritmo en 4:15-4:20 y las pulsaciones en torno a 180 (Karlos, vas demasiado revolucionado), pero bien de ánimos, respiración y piernas. Pero llega el avituallamiento del 15 y me noto flojear (4:20-4:25), casi me ahogo con la naranja en el 10 y bebo sin atragantarme en éste, así que no es problema de hidratación (creo) sino de que voy por encima de mis posibilidades. Oigo a mi espalda la llegada del tercer batallón de infantería El tío de la Mochila; me alcanza y me pasa. Si ya voy justito de piernas y respiración esto, precisamente, no me anima; pero ya no queda tanto.
La carrera vuelve a entrar en las calles más concurridas de gente y allí vuelven a aparecer otras tres veces más Begotxu y Joar (éstas también se han hecho la carrera, pero por fuera del recorrido oficial), esta vez acompañadas de la gente de Vitoria (incondicionales Alexia, Andrea, Eli, Esti, Gorka, Javier, Josemari, Lydia, María, Oskar y Vero). La gente anima, pero a mí se me hacen duros los últimos kilómetros especialmente el último en el que me volvieron a aparecer calambres y en el que, al igual que la anterior participación hace dos años, tuve que bajar el ritmo muchísimo para no pararme.
La recogida de la bolsa de corredor y los masajes vuelven a ser en sitio cerrado a 20 metros de la llegada -¡Bravo por la organización!- Amplias instalaciones-vestuario para dar cabida a tanto corredor, espacio y agua caliente para todos. Y, a las 13:00 en punto SMS de la organización con el tiempo (1:29:54) y el puesto (183 en V35-M).
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