Páguese al final

viernes, 19 de octubre de 2007
Al entrar en un bar, o en un restaurante, ofertante y demandante (o sea, camarero y cliente) tienen claro que, hasta que el demandante (el cliente) no se acabe su consumición, no va a abonar el precio de la misma. En ocasiones, incluso, es necesaria la aprobación del mismo para poder continuar con el servicio, por ejemplo, cuando te abren una botella de vino delante de tu entendido apéndice nasal y esperan tu aprobación para continuar derramando -con parsimonia y escasez- el líquido dentro de la copa correspondiente (la que tú asegurabas que era para el agua).

¿Y no podríamos actuar de la misma manera cuando fuésemos a comprar un coche? Quiero decir que lo pagaríamos al final de su vida útil, sólo entonces, una vez que lo hubiéramos disfrutado.

¿Y con la casa? Pues algo parecido: la pagaría quien dejara de utilizarla (o a quien se le cayese). Aunque pienso en la cómun situación en la que la vivienda pasa de padres a vampiros hijos, y la extrapolo al restaurante de antes:

- Oiga, que ya me he comido las alubias -le aclara el comensal al camarero mientras le señala el plato vacío- y, por cierto, estaban muy buenas. Pero tengo que decirle que no voy a poder con el filete con patatas que había pedido. Voy a avisar a mi hijo y ya, si eso, se lo acabará él.

2 comentarios:

restaurantes dijo...

Un post muy ocurrente!! La verdad es que sería ideal poder pagar todos los productos o servicios una vez disfrutados, pero simplemente la clave y motivo del porqué se hace así en los restaurantes es por el tiempo. De todas formas, ya en algunos restaurantes y bares, ya te cobran antes por si las moscas.. =)

kaferemo dijo...

A mí me daría mala espina que me cobrasen antes de comer... que no digo que esté mal, pero como estoy acostumbrado a lo otro, al páguese al final... pues eso. Podría pensar: ¿me estarán cobrando por si la palmo? Cocochas no pido, entonces; me voy a lo seguro, huevos rellenos de mayonesa.

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