Ayer volví a pasar por la churrería. Han debido usar otro aceite, porque olía muy bien; tan bien que tuve que acelerar el paso para no caer en la tentación. Tentación que me persiguió desde el portal de casa hasta que me metí en el mismísimo esófago del lobo, o sea, en el metro.
Que digo yo que han debido cambiar también la forma de promocionarse: han eliminado el hilo musical por un termoventilador que esparce el aroma churril por todo el pueblo. A mí me llegó al centro del estómago. Lástima que en el metro no dejen comer churros.
¿La SGAE se queda sin churros?
domingo, 11 de marzo de 2007
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kaferemo
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domingo, marzo 11, 2007
Etiquetas:
churros,
Sestao
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