XX carrera Desde Santurce a Bilbao. Crónica

jueves, 4 de diciembre de 2008
30 de noviembre de 2008

7:30. El despertador me chilla en el oído. A oscuras consigo encontrar una zapatilla y decido salir de la habitación sin la otra. De camino al pasillo le pego un rodillazo al armario. Ya en el servicio una gran legaña me mira desde el espejo y me indica que he dormido con el pijama del revés. Consigo despegar los ojos después de lavarme la cara para asegurar que lo que me indicaba la legaña era cierto: el pijama está del revés.

7:45. Desayuno como un campeón... de las sardinas. Un vaso de agua, la naranja, un poco de piña, el tazón de leche con cereales, algún fruto seco y los arándanos. Vamos, que con esto puedo irme hasta Almería y vuelta... a la pata coja y con un cerdo en brazos. Es lo que desayuno a diario y como me gusta y me va bien así, ¿para qué cambiar?

8:00. Acabo de preparar la ropita y mis cremitas para la carrera de más tarde. Como está todo hecho me voy al sofá, por voluntad propia, a dormir un poco más y con la voluntad de que, al despertarme, doña Lluvia se haya retirado y don Frío no sea tan duro con nosotros.

9:15. Por suerte en este período no me han atacado las legañas. Me visto, despierto a Begotxu, que me da las últimas instrucciones (algún día, si no me lo recuerda, salgo sin pantalón) y me dirijo al autobús con la hora pegada al culo. Renfe colabora pero sólo en determinadas estaciones; la nuestra no es de las afortunadas y como este año no me apetece saltar la valla, no vaya (¡vaya riqueza léxica que tengo: valla/vaya!) a ser que me de un mal tirón (o un porrazo el guarda de seguridad de la estación, que seguro que duele más) hoy cambio de medio de locomoción.

10:20. Una mala comunicación con la conductora hace que me confunda de parada y llegue más tarde de lo que pretendía. Dejo la mochila y la ropa (adiós ropita, adiós calorcito, adiós) en el autobús y me pongo a buscar a Iván y a Alfonso. Nada, ni rastro de ellos y cada vez hay más gente, así va a ser imposible encontrarlos.

10:30. Avisan por megafonía que el recorrido, a causa de unas obras en Bilbao, se alarga un kilómetro más, es decir, 17.350 m.

10:45. Me retiro al urinario, visita fundamental antes de cualquier carrera. Por suerte nunca he tenido ni que escribir a Franco ni que visitar al Sr. Roca en estos momentos previos, me vale con autocastigarme de cara a la pared. La sra. Potra hace que me encuentre allí con Alfonso. ¡Ale! Castigados los dos mirando a la pared.

10:55. Pistoletazo para los que van en sillas de ruedas. No tuve tiempo de verlos ni siquiera en la línea de salida.

11:00. El nuestro, aunque no empezamos a movernos hasta después de algo más de un minuto... El problema de ponernos demasiado detrás.

km 3. 16 minutos y 30 segundos. ¡A 5:30 por km.! Vamos demasiado lentos, y estamos usando ambas piernas, lo prometo.

km 4. Saludo con la manita a Begotxu y a Marisa. Les tiro el quitavientos (mal hecho, pasé frío) para que lo puedan vender en el Ebay ese a un precio desorbitado. Me decido a apretar un poco más.

km 5. Flop-flop. La zapatilla derecha va un poco floja y parece que quiera salirse (con el agua hace ventosa). Espero que no lo haga, por su mi bien. Oskar me hace así con la manita, y me anima gritando. Eso debe ser que tengo a la cabeza cerca.

km 6. La plantilla derecha se repliega en sí misma y se hace tirabuzón a la altura del puente del pié. Cojonudo. A ver quién es el guapo que se suelta la zapatilla ahora, con el frío que hace, las manos caladas y el chip con brida atada en esos cordones. Aún así lo voy a intentar. Me quito los guantes (de algodón, mojados ya) y, al agacharme, se me cae uno a un charco. Ideal. La zapatilla, imposible desatarla. Me animo a seguir así, como pueda, ya tendré tiempo de parar, si eso.

km 10. Iván está animando y vestido de corredor. Ha llegado antes que yo hasta aquí. Veo también a María, a Miguel, a Laia y a mucha más gente también animan en la curva de Zorroza. A partir de aquí no veremos a nadie animando hasta Bilbao.

km 12. Un muble nos mira atónito desde la orilla y vuelve a sumergirse, encongiendo las escamas. ¡Endevé, tanto payo corriendo!

km 14. ¡Quién me mandaría a mí haberme desprendido del quitavientos! Don Frío ha decidido quedarse a ver la carrera. Seis grados (6) nos grita desde el temperaturómetro.

km 16. Doña Lluvia también ha prometido quedarse hasta el final, sin consultarnos ni nada.

km 17.350. Casi 80 minutos más tarde de pasar por la salida (1:19:23 según la página oficial) cruzo la línea de llegada, me cortan la tira con que se sujeta el chip y se quedan con él. (Mejor, yo no iba a ser capaz de hacerlo.) Recojo la bolsa con las viandas, la bebida y me pongo a buscar mi mochila. ¡Estoy calado y helado! La encuentro debajo de la cornisa de El Corte Inglés. Me voy a buscar a Alfonso.

12:30. Aparecen Yoli y Alfonso. Me acabo de vestir y me vuelvo a casa en busca de una ducha caliente. Decido marchar cuanto antes, me esperan una tarde de vagueo y un montón de mimos, pero no mimos de esos que se ponen guantes blancos y te sonríen y te hacen gestos con las manos y te dan el coñazo... no, mimos de los otros, de los de arrumacos, besos... y demás.

Por cierto, una vez más, Fortunato Vencedor también estuvo allí. Y acabó.

Actualización (23:00). También hay videos de las llegadas en la página corriendovoy.com. Y más fotos en festak.com. ¡Vaya despliegue de medios!

2 comentarios:

Ana dijo...

FELICES FIESTAS querido deportista!!

Un abrazo fresquito y un beso colorado (jou!jou!jou!)

kaferemo dijo...

Ana. Felices fiestas, susurradora. Lo que no me apetece mucho es lo del abrazo fresquito; si no te importa, lo dejas para el verano, ¿vale?

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