Con un chorretón de sudor frío que recorría mi espalda y una rogativa en mi limitada mente -Por favor, Don Pantallo, que sean 3 y no 2.- busqué la garantía. -¡Toma! Puedo seguir invirtiendo mi dinero en helados, que no toca comprar pantalla nueva.- me dije a mí mismo mientras hacía volatines en el espacio tridimensional de mi habitación...
La página de la garantía indicaba dos formas de contacto: una página web y un número teléfono. A través de su página les envié una consulta y me redirigieron al mismo teléfono de la garantía. Llamé. Me atendieron al momento, de forma muy agradable, me dieron unas instrucciones facilitas (que, incluso sin haberme echado la siesta, llegué a comprender) y me dijeron que me enviarían otra pantalla, pero que, ¡atención, disyuntiva!) si no encontraban el mismo modelo que yo había adquirido -... ¿le importaría si le enviamos uno superior?-. Busqué la trampa en la pregunta... pero no la encontré, así que me lancé. -No, no me importa.- le dije, ufano. -Bien, entonces en un plazo máximo de 20 días hábiles la tiene vd. en casa.-
Empaqueté mi pantalla para hacer intercambio con el transportista cuando me trajera la que sí funcionaba (una de las instrucciones que entendí y que repito porque me hace ilusión) y esperé... una semana; porque el jueves siguiente, 26 de julio, tenía una pantalla similar a la que se me había estropeado.
Gracias, Benq, por trabajar como Dios manda.
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